GRAN CANARIA EN SU ENCRUCIJADA

GRAN CANARIA EN SU ENCRUCIJADA

jueves, 11 de octubre de 2007

LA NAVE DEL TURISMO GRANCANARIO: EMBARRANCAMIENTO ANUNCIADO (y VII)
















BAJADA Y SUBIDA A LA PLAYA POR MEDIO DE ESCALERAS MECANICAS Y ASCENSORES
Las bajadas a la playa de Playa del Inglés por la escalera de 75 escalones , 10 descansillos -sin bancos para un respiro en ninguno de ellos- y con un desnivel del 75%, situada detrás del Hotel Sahara Playa, y la que se encuentran enfrente, al lado del Hotel Dunamar, con 76 escalones, un solo descansillo en el centro de la misma -también sin banco para un respiro- y con un desnivel del 70%, hacen imposible el desplazamiento a la playa de personas inválidas que tienen que hacerlo, las poquísimas que lo hacen, con un medio de transporte especial para ello, siendo también de alto riesgo cardíaco el bajar a la playa para personas mayores por el esfuerzo físico que implica la subida con la consiguiente alteración del ritmo cardíaco. Dentro de los muchos obstáculos físicos que existen a lo largo y ancho de la zona turística para personas mayores y discapacitados -los más relevantes ya incluí en mi exposición IV-, las mentadas escaleras son, sin duda alguna, los más disuasorios para que una persona con problemas de movilidad o cardíacas repita su estancia en Playa del Inglés o la recomiende a alguien; por tanto, las escaleras hacia la gloria o el infierno, según se bajen hacia la playa -que es una gloria- o el infierno si se miran los 75 escalones desde abajo para subirlos, van a ser los dos puntos álgidos del termómetro que marcará si las tres Administraciones -además de Costas en lo que le pueda concernir- implicadas en ese resurgir de la zona turística sureña pasan la gran prueba de acometer la eliminación de estos dos tremendos obstáculos físicos para demostrar su resoluta decisión de cambiar todo lo que necesite cambio o mejora en esa zona turística; estas escaleras necesitan no sólo un cambio, necesitan ser condenadas y jalonadas de arriba abajo de flores de vida perenne en agradecida memoria de todas las personas que hayan padecido un infarto como consecuencia de sus subida.
Por tanto, el actual acceso a la playa por el Anexo II por medio de estas dos escaleras -que es el único si no se entra por Maspalomas, a través de las dunas o se baja por la escalera decimonónica de 82 escalones y 80% de desnivel que se encuentra cerca del Parque Tropical- tiene que ser sustituido INEXCUSABLEMENTE por medios ‘civilizados’ de subida y bajada utilizados hoy en día dondequiera que confluye un número elevado de usuarios (El Corte Inglés no vendería ni un calcetín si no tuviera escaleras mecánicas y ascensores a los pisos elevados y bajos), y, al decir medios ‘civilizados’ me estoy refiriendo, no precisamente a vulgares montacargas para subir y bajar fardos sino a ascensores ‘como Dios manda’, panorámicos porque las vistas sobre el Océano no son para menos y con toda la categoría, la seguridad y el servicio que el ‘escalón’ de acceso a la ‘mina’ de la que sale el sustento del 80% de los ciudadanos grancanarios se merece; la playa de arena del Inglés-Maspalomas no es una mina de oro en el sentido estricto de la palabra pero está por ver que, si lo fuera, diera de comer a más gente que lo hace siendo ‘sólo’ de arena. Las escaleras mecánicas a instalar, que funcionen bien por proximidad o por peso, al igual que los ascensores tienen que ser de una calidad máxima y su mantenimiento y servicio de una permanencia casi igualable a la de una estación de bomberos, siempre presente en horas de actividad de la playa. No debemos olvidar que, si la solución del agotamiento del modelo turístico actual en que está inmersa “Maspalomas-Costa Canaria” es ganarnos el turismo de salud casi como única salida, objetivo más que alcanzable debido a la benignidad de nuestro clima, y, si se apuesta por él, hay que hacerlo con la visión y la mentalidad de esas personas que queremos conseguir para que reemplacen al turista que en gran medida hoy tenemos en esa zona y que por su poco poder adquisitivo y escasa calidad cultural la ha degradado y hundido.
La inmediatez con que las citadas Administraciones acometan esta IMPERIOSA necesidad y la calidad que le den a los mecanismos y su entorno serán el ‘gesto’ inequívoco de que las cosas van en serio y no es pura falacia electoralista, restituyendo la credibilidad justificadamente perdida en las Administraciones por parte del empresariado de Playa del Inglés que verá en ello un nuevo amanecer para su devaluada propiedad animándole a ponerla al día invirtiendo en ella lo necesario. El pensar, como algún que otro político en sus desvaríos populistas y surrealistas quiere hacer creer, que la Administración correrá económicamente de alguna manera con los gastos de rehabilitación de la planta turística obsoleta es un espejismo porque es de una simpleza y claridad meridiana que en una economía de libre mercado, como a la que pertenecemos, el propietario de un inmueble turístico es dueño de él para lo bueno y para lo malo, es decir, si su producto tiene demanda hay negocio y gana dinero; si no tiene demanda no hay negocio y no sólo no gana sino que puede perder, como en la bolsa, por lo que meterá dinero en el negocio si ve perspectivas de rentabilidad; el intervencionismo y el dirigismo por parte de la Administración a fuerza de decreto aquí no funciona porque el empresario es libre de arriesgar su dinero donde y cuando lo crea pertinente; concepto que también es extensible a cualquier señor Smith residente en Londres o Berlín que escogerá para pasar sus vacaciones un destino de moda y a buen precio u otro donde lo haya pasado bien en otras ocasiones; pueden estar seguro políticos voluntariosos grancanarios que no se decidirá por un apartamento o bungalow en Playa del Inglés si no le ofrece lo que busca pues tiene un amplio abanico en el mercado donde elegir.
Por tanto, la palabra mágica es CREDIBILIDAD, esa es la palabra clave para restaurar la confianza en el mundo empresarial de forma que se endeude y acometa las obras de remodelación necesarias en sus propiedades para convertir Playa del Inglés en el mejor centro de salud de toda Europa pues tiene lo fundamental para ello que es el clima y la playa para conseguirlo. Cae de su propio peso que serán los bancos los que jueguen un papel decisivo en todo ese proceso de renovación generalizada porque Playa del Inglés necesitará, por el lado empresarial, ingentes cantidades de dinero para remozarse y son los bancos esencialmente los que tienen y pueden facilitar ese dinero. Es de suponer que lo harán, porque ese es su negocio, pero sólo si la palabra CREDIBILIDAD está en el ambiente cuyos aires positivos sólo pueden ser transmitidos por las tres Administraciones -y la colaboración de Costas- para que los bancos apuesten por la zona turística e inviertan y presten su dinero sin grandes riesgos de no recuperarlo. Que nadie olvide que sin el crédito bancario bien poco se podrá realizar en la renovación y nuevo enfoque comercial de toda la zona turística sureña. En lo que al Departamento de Costas se refiere, y a juzgar por sus últimos posicionamientos con relación a la extracción de arena del mar para las playas, sí parece estar por la labor de aportar no solo ‘un granito de arena’ sino muchos granitos para cooperar en gran escala en el resurgir del Sur turístico grancanario. Esperemos que no surjan criterios fundamentalistas por parte de Medio Ambiente y trunquen algo tan importantísimo para Gran Canaria como es la regeneración de sus playas sureñas y acondicionamiento de otras existentes pero no concurridas por falta de arena.
Creo que queda claro la importancia que tiene, a mi criterio, que bajo ningún concepto la instalación de ‘civilizados’ medios de acceso a la playa por medio de escaleras mecánicas y ascensores panorámicos dejen de ser incluidos en el “Plan de Renovación del Sur” del Cabildo, siendo ésta una de las actuaciones que, junto con la conversión de la GC-500 en vía urbana con carril para bicicletas, no pueden ser pospuestas ni hechas a medias; hay que acometerlas ya, de inmediato, y serán el verdadero ‘pistoletazo de salida’ para que comience ‘un nuevo despertar’ en la zona turística del Sur al que estoy seguro que el empresariado y propietarios de inmuebles en la zona turística sureña se unirán con ilusión.
Las Palmas de G.C., 10 de octubre de 2007.
Daniel Garzón Luna
PROXIMO ‘CAPITULO’ (VIII): RUIDO Y TRAFICO
MISMO ARTICULO CON IMAGENES EN MI PAGINA WEB: http://danielgarzonluna.blogspot.com/

sábado, 6 de octubre de 2007

LA NAVE DEL TURISMO GRANCANARIO: EMBARRANCAMIENTO ANUNCIADO (y VI)







LA NAVE DEL TURISMO GRANCANARIO: EMBARRANCAMIENTO ANUNCIADO (y VI)
MOVILIDAD POR MEDIO DE GUAGUAS URBANAS (SERVICIO A CREAR)
La zona turística sureña, desde Bahía Feliz hasta Meloneras con inclusión de los pueblos aledaños de San Fernando, El Tablero Y las ramificaciones de Montaña La Data y El Salobre, alberga una población de hecho de unos 130.000 habitante, de los cuales unos cien mil son turistas que se alternan.
No hay servicio público urbano de guaguas en toda esta zona turística; sólo un tímido pero muy loable paso de los servicios de guaguas interurbanas desde Las Palmas capital y otros puntos de la Isla en sus rutas hacia el Sur/Suroeste y viceversa. Por muy inverosímil que parezca, la zona turística del Sur de la Isla, el pulmón económico machaconamente repetido hasta la saciedad por todo quisque, que comprende una extensión de unos diez kilómetros de costa y unos ocho de la costa hacia las montañas, que alberga una población de unas 130.000 personas de hecho -unos cien mil turistas y unos treinta mil residentes-, masa de personas equivalente al 38% de los 377.056 habitantes que tiene Las Palmas capital ¡el 38%!, no tiene servicio de transporte urbano de guaguas, y todo ello después de cuarenta años que comenzara la explotación y vertiginoso desarrollo de la zona, hoy emporio turístico, que se ha convertido en la mayor concentración de camas turísticas en una sola zona que existe en toda España.
Y bien, ¿Cuáles son las consecuencias que esta ausencia de transporte público urbano de guaguas ha tenido y sigue teniendo para la zona turística y pueblos aledaños? Las consecuencias son relevantes, tanto en lo que a la población residente atañe como al visitante o turista, y, también, en lo que al conjunto de núcleos urbanos en sí mismos se refiere. Con relación a los núcleos urbanos, existe un divorcio tácito entre toda la zona turística sureña y los núcleos poblacionales aledaños de residentes como son los pueblos de San Fernando y El Tablero, por ejemplo; la carretera GC-500 ha ejercido un efecto ‘separatista’ férreo, especialmente desde el desdoblamiento de esta vía, entre la población flotante de las urbanizaciones turísticas y los pueblos de residentes. Las ‘incursiones’ de turistas que atraviesan ese ‘cinturón de hierro’ desde Playa del Inglés hacia San Fernando, por ejemplo, es puro anecdótico si se sopesa las decenas de miles de turistas que pueblan las urbanizaciones turísticas, que se renueva constantemente y cuyo interés, por lo tanto, tiene permanente continuidad.
En lo que al residente se refiere, la ausencia de guaguas urbanas ha tenido y tiene repercusiones muy negativas de movilidad dentro de la zona sureña y está obligado a disponer de vehículo propio para poder ejercer cualquier actividad, tanto profesional como de carácter privado, cosa que justifica que San Bartolomé de Tirajana, que tiene una población de derecho de 50.000 habitantes aproximadamente, esté a la cabeza de municipios que con ese número poblacional tenga más coches por familia en todo el territorio nacional; este hecho, si bien tiene la vertiente positiva de la libertad de movimiento individual por tener vehículo propio, no deja de ser una carga económica y síquica importante para la gente joven que se incorpora al mercado de trabajo, por lo general a un puesto de trabajo en precariedad, y tiene ya que endeudarse de entrada con la adquisición de un vehículo y vivir la angustia de cómo hacer frente a las letras si no hay renovación de contrato que, incomprensiblemente en una zona que vende servicios y tan importante es fidelizar al cliente como al empleado, es lo habitual.
En lo relativo al visitante o turista, los factores negativos se centran en la falta de conexión vía transporte urbano de guaguas entre las siete u ocho urbanizaciones que componen la zona turística entre sí y, también, con los pueblos aledaños, cosa que ha influido en gran medida a que el visitante pierda interés por deambular por otras zonas y se limite a las del entorno donde se aloja, motivo éste que limita las vivencias del turista y sus experiencias se circunscriban a un entorno muy reducido en detrimento de una visión más amplia de Gran Canaria. Aquí pueden haber jugado un papel importante dos conceptos distintos pero relacionados entre sí como es que nuestros visitantes vienen de países en los que el transporte público de autobuses, sobre todo, es utilizado por sistema y el taxi en determinadas ocasiones, factor que crea una predisposición mental determinada, y otro es que el salir de una urbanización de la zona turística a otra implica el pasar forzosamente por la carretera general GC-500 que, hasta la apertura de la autopista hacia el Sur/Suroeste, ha sido de hecho una autopista de cuatro carriles, trazado que perdura al día de hoy.
Ahora puede presentarse el interrogante: ¿en qué puede haber influido la ausencia de transporte urbano de guaguas en la decadencia de la zona turística del Sur? A mi criterio, el mayor motivo que puede haber influido ha sido que las distintas urbanizaciones de la zona turística se han convertido en departamentos estancos con ausencia de suficiente fluidez en la comunicación vial entre ellas mismas y también con los pueblos aledaños. ¿Alguna forma de reorientar esta situación de divorcio entre la zona turística del Sur y los pueblos aledaños, así como entre sus propias urbanizaciones? Sí lo hay y pasa inexcusablemente por la instauración inmediata de un servicio urbano de guaguas que complemente el servicio de taxis de forma que el turista sienta el deseo de conocer y moverse por todo lo que el Sur tiene que ofrecerle; lógicamente este servicio urbano de guaguas tendría que ser con vehículos modernos dotados de aire acondicionado y rampas de acceso para inválidos en sillas de ruedas, de acuerdo con lo que estipula la Ley al respecto. No hay duda que un servicio de este tipo podría influir muy positivamente en animar a los clientes a moverse más por todo el Sur dándole más vida, especialmente ayudaría a ‘sacar’ a los turistas del “todo incluido” de sus complejos y animarles a consumir en otros puntos del Sur, bien en las propias urbanizaciones turísticas o en los pueblos aledaños. La imperiosa necesidad de que la carretera GC-500, de cuatro carriles, se convierta en vía urbana con carril de bicicletas desde Morro Besudo hasta la rotonda de la Viuda de Franco ya la contempla el Plan de Renovación del Sur del Cabildo por lo que, se supone, será un hecho en breve. (Ver información gráfica al respecto en mi página Web).
Una pregunta inevitable para terminar: ¿a cuál de las tres Administraciones que han asumido el proyecto de reflotar la ‘nave’ turística del Sur le corresponde crear un servicio urbano de guaguas en la zona turística y pueblos aledaños?
Próximo capítulo (VII). ESCALERAS MECANICAS Y ASCENSORES EN LA BAJADA A LA PLAYA POR EL ANEXO II.
Las Palmas de G.C., 5 de octubre de 2007.
Daniel Garzón Luna
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lunes, 1 de octubre de 2007

LA NAVE DEL TURISMO GRANCANARIO:EMBARRANCAMIENTO ANUNCIADO (y V)





MOVILIDAD DE LOS TURISTAS DISCAPACITADOS Y LOS MAYORES EN LA ZONA TURÍSTICA DEL SUR Y PUEBLOS ALEDAÑOS.
MOVILIDAD POR MEDIO DEL TAXI
El taxi ha jugado un papel fundamental como transporte público en toda la zona turística del Sur desde que comenzó su explotación a mediado de los años sesenta hasta el día de hoy; la falta de servicio del transporte de guaguas urbano lo ha suplido el taxi casi exclusivamente durante unos cuarenta años, ya que el tímido servicio urbano que prestan las empresas de transportes interurbanos, si bien muy loable, no se puede considerar como servicio urbano dentro de la zona turística con conexión a los pueblos aledaños. Los distintos modelos de taxis operativos en el Sur, como en el resto de la Isla, no están acondicionados para el transporte de discapacitados y personas mayores con serios problemas de movilidad, con la excepción, en el Sur, de cuatro furgonetas de la empresa de taxis que sí están acondicionadas para el transporte de inválidos en sillas de rueda. Es fácil suponer que, si se opta por orientar la explotación de la zona turística del Sur -especialmente la gran masa de camas extrahoteleras de Playa del Inglés y San Agustín- hacia pensionistas y disminuidos físicos, ese número de plazas es a todas luces insuficiente teniendo en cuenta que la oferta turística sureña está por encima de las cien mil camas, por tanto, este servicio público, por ser aún el único que opera en la zona turística en calidad de servicio urbano, tiene que adaptarse a ese otro tipo de cliente ya que a los mayores con problemas óseos, que son un alto porcentaje de ellos, les resulta muy difícil el entrar y salir de un taxi bajo y con poco espacio para los pies. Y ¿cómo adaptar ese medio de transporte público a ese posible nuevo cliente en corto plazo? No es tarea fácil pero sí necesaria; sugiero el modelo de taxi londinense, el taxi europeo cómodo por excelencia, pero, a riesgo de cansar un poco, es necesario desempolvar escuetamente la historia de ese taxi y algunos de los servicios que ha prestado a Inglaterra que pueden servirnos como punto de referencia:
El primer taxi de motor inglés data de 1897 y fue el “Bersey”, alimentado por pilas y comúnmente llamado “Colibrí” (Hummingbird) por el ruido de su motor. Este taxi fue una extensión en comodidad para el pasajero de la carroza tirada por fuerza animal que se regía por una normativa inglesa escrita en 1679 que llevaba por título “Conditions of Fitness” (Condiciones de adaptabilidad -o algo así-), normativa que, podemos sorprendernos, al día de hoy aún está en vigor en Inglaterra. ¿Qué consecuencias tuvo esa fidelidad inglesa durante siglos a esa normativa? La comodidad para el pasajero y que hoy el taxi londinense esté reconocido como el más cómodo de toda Europa. Cabe ahora también preguntarse ¿aparte de su comodidad para el pasajero, qué otro servicio de relieve ha prestado este taxi londinense a Inglaterra? Un servicio importantísimo y es el siguiente: en las dos guerras mundiales el número de personas, tanto soldados como civiles, que quedaron inválidos de alguna forma fue enorme y este tipo de taxi les prestó un servicio incalculable haciéndoles menos penoso, por su facilidad para entrar y salir del mismo, el poder desplazarse de un punto a otro de la ciudad. Sólo por ese gran servicio en dos terribles ocasiones merecen lucir una placa de reconocimiento en todos y cada uno de ellos pues hoy, aunque adaptado en su funcionamiento a los nuevos tiempos, no ha perdido ni un ápice de su comodidad para el pasajero; como muestra cito dos puntos de su ficha técnica: “Extra wide passenger doors which open 90º” (Puertas extra anchas para el pasajero que abren 90º), y el otro: “Truly accesible to all people, whether wheelchairs users, mobility-limited or visually-impaired” (Acceso real para todas las personas, tanto incapacitados en silla de ruedas, los limitados en movilidad y con problemas de visión).
Y ahora puede presentarse una nueva cuestión: si el ir incorporando el modelo del taxi londinense a la flota de taxis del Sur es lo recomendable por su comodidad para el pasajero, ¿cómo financiarlo si su coste puede estar entre dos o tres millones de las viejas pesetas por encima del que suele estar en uso en el Sur y en toda la Isla? La pregunta es inevitable pero tiene respuesta: es de pura lógica que ningún taxista va a desembolsar dos o tres millones más de pesetas para adquirir un taxi o cambiar el que explota en la actualidad; tampoco se puede poner en circulación una normativa municipal que lo obligue, por lo que aquí tiene que jugar un papel decisivo las tres Administraciones que cobran impuestos del gremio del taxi, es decir, si está más que demostrado que el Sur turístico es básico para la economía de la Isla, si está dicho y redicho que ‘hay que hacer algo’ para salvar el Sur turístico, si todos los partidos políticos están de acuerdo en reflotar ese Sur y que el factor taxi puede jugar un papel importante, entonces tienen que dictar las normas, cada Administración en lo que le corresponda, para que ese mayor precio que el taxista tiene que pagar por un modelo de taxi igual al londinense, bien por renovación o aumento de la flota, y previa determinación del patrón dinerario a aplicar, sea deducido de los diversos impuestos que el taxista tiene que pagar al fisco hasta la amortización de esa demasía. En este supuesto para la solución de los problemas del Sur, como en tantos otros, las Administraciones tienen que mojarse, la palabrería no soluciona problemas.
¿Que puede producirse un problema de agravio comparativo con el gremio de taxistas de otros municipios? Sí, es posible, pero hay razones de mucho peso y convincentes que recomiendan ‘apagar el fuego’ donde se haya producido y ahora es el Sur de la Isla, cuyo papel en la economía de toda Gran Canaria nadie cuestiona, el que necesita una concentración de esfuerzos y apoyo económico, en la forma que proceda, de las tres Administraciones.
Las Palmas de Gran Canaria, 1 de octubre de 2007.
Daniel Garzón Luna
PROXIMO CAPITULO (VI): MOVILIDAD POR MEDIO DE SERVICIO URBANO DE GUAGUAS, ESCALERAS MECÁNICAS Y ASCENSORES A LA PLAYA.
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martes, 25 de septiembre de 2007

LA NAVE DEL TURISMO GRANCANARIO: EMBARRANCAMIENTO ANUNCIADO (y IV)






























MOVILIDAD DE LOS TURISTAS DISCAPACITADOS Y LOS MAYORES EN LA ZONA TURISTICA DEL SUR Y PUEBLOS ALEDAÑOS. ACERAS Y FAROLAS. (1º de 3)
No hay duda que el rehabilitar - y acondicionar a los tiempos actuales lo que no se hizo de origen- la zona turística del Sur es una misión casi imposible, una tarea para titanes que por la envergadura de la misma -una ciudad de más de cien mil personas- se presta al desaliento y casi al tirar la toalla antes incluso de subir al ring. No obstante, la importancia económica que esa zona tiene para toda la Isla, e incluso para Canarias en su conjunto visto del punto de vista de imagen promocional en el contexto “Canarias” en el mercado turístico europeo, exige de todos los implicados en la toma de posibles decisiones, especialmente los poderes públicos de las tres Administraciones involucradas, la determinación de poner manos a la obra y enderezar entre todos la desolada situación existente en numerosas zonas de las urbanizaciones turísticas sureñas, debido, en gran medida, a la desidia y abandono que unos cuantos han practicado desde puestos públicos de responsabilidad a lo largo de varias décadas. Consecuentemente, hay que coger ‘pico y pala’ y sacar el dinero de donde lo haya para meter mano sin demora alguna en la solución de dar oxígeno al pulmón de la Isla.
BARRERAS URBANÍSTICAS QUE COARTAN LA MOVILIDAD DE DISCAPACITADOS Y MAYORES EN LA URBANIZACIÓN “MASPALOMAS-COSTA CANARIA” Y LAS SOLUCIONES QUE SUGIERO A LAS MISMAS:
La movilidad en la zona turística del Sur del visitante entrado en años y del discapacitado físico, o la señora llevando mellizos en doble carrito, especialmente en la urbanización de San Agustín, se ve coartada por una sucesión de obstáculos tan disuasorios que no sólo contribuyen a que estos visitantes no vuelvan nunca más sino que, además, propaguen nuestra desidia en solucionar problemas de fácil solución en innumerables puntos de las urbanizaciones del Sur. Las barreras urbanísticas, al igual que las arquitectónicas dentro de los complejos turísticos, juegan un papel muy relevante en que la estancia de estos visitantes no sea grata para ellos. Como quiera que no es suficiente con comentar el problema de forma genérica sino que hay que argumentarlo con claridad, voy a poner de relieve algunos de los problemas más agudos que se le presentan al discapacitado físico para subir y bajar de las aceras y transitar por ellas en silla de rueda:
ACCESOS DE SUBIDA Y BAJADA A Y DE LAS ACERAS.- El subir y bajar a las aceras, prácticamente en casi todo el Sur, pasa forzosamente por tener que superar el bordillo, el cual ha ido aumentando considerablemente de altura según el desaprensivo automovilista tomó el hábito de utilizarla como aparcamiento. El encontrar un vaciado de la acera poniéndola a la altura de la calzada o una rampa suave de acceso es la excepción en casi toda la zona turística. Nadie en silla de ruedas puede subir a las aceras en esas condiciones por sus propios medios y, si lleva acompañante, lo que es lo más habitual, éste necesitará el concurso de una segunda persona cuando la acera tenga unos bordillos de veinte centímetros de alto que es lo habitual en todo lo nuevo. SOLUCIÓN A ESTE PROBLEMA: en todas las urbanizaciones turísticas que nos ocupan, a las aceras hay que dotarlas con accesos de entrada y salida (subida o bajada) al mismo nivel de la calzada, bien por medio de vaciado en la misma acera o por medio de rampa suave con color diferente al del piso de la calzada para evitar traspiés a viandantes no discapacitados.
FAROLAS EN LAS ACERAS.- Las farolas existentes en casi toda la zona turística del Sur están montadas dentro de un cubo de cemento con una base de 53 por 53 centímetros y están colocadas encima de las aceras. En el caso de Playa del Inglés no hay problema en la actualidad para que transite un discapacitado en silla de ruedas porque entre la farola y la pared queda un espacio de 110 centímetros que es suficiente para que pase una silla de ruedas de 85 centímetros que es el mínimo espacio necesario. Este no es el caso en las primeras urbanizaciones de “Maspalomas-Costa Canaria” como, San Agustín por ejemplo, donde la acera tiene de ancho 140 centímetros de los cuales la base de la farola ocupa 53 y la distancian entre la farola y el murillo es de 10 centímetros por lo que quedan 77 centimetros de espacio libre para el transito del viandante, a todas luces insuficiente para que pueda pasar por él una silla de inválido de 85 centímetros de ancho o un carrito de gemelos, por tanto, la persona que acompaña al inválido tiene que bajarlo a la calzada, sobrepasar la farola y volver a subirlo a la acera, siempre y cuando tenga a mano a alguien que le ayude a efectuar esta operación, de lo contrario tiene que seguir por la calzada jalonado por el tráfico a lo largo de una calzada muy estrecha porque estas urbanizaciones se hicieron con el patrón urbanístico de los años sesenta. ¿SOLUCIÓN A ESTE PROBLEMA? Sí lo hay. Toda la farola que imposibilite el paso de un inválido en silla de ruedas por la acera donde esté ubicada tiene que ser retirada y colocada dentro del murillo que separa los jardines de los bungalows o establecimientos de apartamentos de las aceras, su lugar de origen y del que NUCA debieron ser sacadas. (Ver fotos recientes al respecto en mi página Web)
CONGLOMERADOS DE SEÑALES DE TRAFICO, FAROLA, CABINA TELEFONICA, PAPELERAS, BANCOS Y BÁSCULAS.- Estos conglomerados de obstáculos, que obligan al viandante a superarlos andando en fila india en las confluencias de calles en que se encuentran colocados, tienen que ser racionalizados porque, si bien pueden ser necesarios, no es necesariamente obligatorio el que tengan que estar todos juntos y en esquinas, propiciando el que con excesiva frecuencia el viandante se dé de bruces con alguno de ellos, en particular con las aún existentes señales de tráfico colocadas a muy poca altura cuyo cortante disco ha originado innumerables heridas en la cara al viandante despistado. ¿SOLUCIÓN A ESTE PROBLEMA? Por supuesto que tiene solución: colocarlos en distintos sitios de forma que no entorpezcan la marcha del viandante y, por supuesto, aumentar la altura de las señales de tráfico que lo necesiten de forma que no sean un peligro para nadie.
CALZADAS Y ACERAS DETERIORADAS.- La reparación de los desperfectos en calzadas y aceras es tan obvio que no voy a entrar en detalles sobre ello.
ALTO RIESGO DE INCENDIO.-Termino con un mensaje al quien ostente el mando de la prevención de incendio en la Isla: la ladera que termina en el Anexo II de Playa del Inglés está en una situación que podríamos calificar de “alto riesgo” de incendio y creo necesita urgente atención en lo que se refiere a retirar toda la pinocha y matojos y, sobre todo, podar los árboles cuyas copas descansan sobre edificios de la esquina del Parque Tropical. El fuego, bien fortuito y por mala intención, puede producirse en cualquier parte y en cualquier momento, y esa ladera quemada, además de la implicación que pudiera tener en la propia urbanización a través del Parque Tropical, sería demoledor para Playa del Inglés.(Ver fotos recientes en mi página Web).
PRÓXIMO CAPITULO (V): MOVILIDAD POR MEDIO DE TAXIS O GUAGUAS, (2º de 3)
Las Palmas de Gran Canaria, 24 de septiembre de 2007.
Daniel Garzón Luna
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martes, 18 de septiembre de 2007

LA NAVE DEL TURISMO GRANCANARIO: EMBARRANCAMIENTO ANUNCIADO (y III)


LA NAVE DEL TURISMO GRANCANARIO: EMBARRANCAMIENTO ANUNCIADO (y III)
MOVILIDAD DEL TURISTA EN EL ALOJAMIENTO ELEGIDO
Como quiera que el objetivo a alcanzar en esta y sucesivas exposiciones es convertir sobre papel la urbanización Maspalomas-Costa Canaria, especialmente Playa de Inglés, en un destino turístico residencial atractivo para las personas mayores y los limitados de movilidad, siendo el factor MOVILIDAD personal el que está llamado a ser la piedra angular sobre la que descanse la gran parte de las iniciativas que deben ser emprendidas para conseguir ese objetivo, voy a comenzar por este apartado.
En primer lugar hay que mencionar que existe tanta legislación sobre la supresión de barreras arquitectónicas para la adaptación de los establecimientos turísticos al cliente con minusvalía física, tanto impedido en sus miembros inferiores como torpeza física de mayores, que resulta casi superfluo el sacar el tema a colación. No obstante, es una realidad que un porcentaje muy elevado de los establecimientos de camas extrahoteleras en la zona turística del Sur no cumple con lo estipulado en la Ley con relación al número de camas que el establecimiento debe tener acondicionadas para recibir discapacitados físicos, así como acondicionamiento de las plantas nobles o de esparcimiento dentro del complejo, debido, tal vez, a la falta de las necesarias inspecciones por parte de la Administración competente para controlar que estos requisitos se cumplan para poder permanecer en el mercado turístico. Cuando esa Administración no funciona con la diligencia necesaria en efectuar esos controles y otros de más calado en no pocas zonas turísticas, como es el caso del Sur de Gran Canaria, la normativa existe sobre papel pero se incumple sobre el terreno con la inevitable pérdida de competitividad y regresión de la demanda que ha implicado la huida hacia el turismo de bajo poder adquisitivo como forma de conseguir clientes.
Por tanto, aquellos establecimientos que estén en la línea de apostar por el cliente de salud, además de otros, tendrán que ponerse al día no sólo en la renovación de sus establecimientos en los casos que lo precisen sino también en el cumplimiento de las exigencias de lo legislado con relación a la supresión de las barreras arquitectónicas dentro del establecimiento con el fin de ganar un nuevo cliente, el turista discapacitado físicamente, el cual, si bien no fue merecedor de consideración en los tiempos de ‘vacas gordas’ cuando sobraban clientes, ahora sí es merecedor de mucha consideración porque puede resultar ser un cliente fiel, de poder adquisitivo moderado/alto, respetuoso con el habitáculo donde se aloja y su entorno, no dado a excesos alcohólicos y escandaleras y puede resultar un buen propagador de la Isla si su estancia le es grata y no tiene problemas de movilidad entre nosotros. En lo que a los pensionistas comunitarios se refiere, que viven habitualmente en un ambiente de comodidad con los grandes objetivos de sus vidas ya alcanzados, las renovaciones tienen que ir en consonancia con un mínimo de ese ‘status’ de bienestar que disfrutan en sus hogares; el factor CLIMA del Sur grancanario será siempre nuestro gran aliado para que pasen por alto algunas de sus comodidades habituales.
Consecuentemente, no es la intención de esta escueta exposición el pormenorizar aquí la minuciosa normativa en vigor al respecto aunque sí hacer mención, por lo obvio, a algunas adaptaciones a llevar a efectos como es el acceso alternativo de la rampa con pasamanos en todos los accesos del establecimiento donde existan escalones; puertas que tengan 85 centímetros de espacio neto de ancho como mínimo, tanto en los ascensores como en la entrada al bungalow o apartamento; puertas de apertura hacia fuera, o bien de corredera o batientes en los accesos al baño y al dormitorio; botoneras de los ascensores a baja altura, con sistema Braille incorporado y numeración luminosa; conmutador general del sistema eléctrico del bungalow o apartamento a la altura de una persona confinada a una silla de ruedas y debidamente protegido contra la posible manipulación de huéspedes pequeños; extintores a una altura de fácil acceso para el discapacitado tanto en el habitáculo como en los pasillos; lógicamente los pasillos en los que se encuentren las habitaciones para discapacitados físicos, en el caso de bloques de apartamentos, tienen que permitir el giro de 360º de una silla de inválidos con ruedas. Igualmente, y por supuesto, las lajas o círculos redondos discontinuos de cemento en los pasillos de los jardines de bungalows y apartamentos tienen que ser sustituidos por carriles uniformes no deslizantes de fácil tránsito para una silla de ruedas.
Como es de suponer, el punto álgido del alojamiento de una persona discapacitada físicamente es el baño, no sólo por el espacio de que debe disponer para la maniobra de una silla de ruedas y la ubicación dentro del baño de ese espacio sino por el tipo de sanitarios y agarraderas que debe estar dotado, siempre buscando la fórmula de cumplir con la legislación vigente y total satisfacción para el inválido. En todo caso, como quiera que este es un camino a andar por todos los establecimientos turísticos en la medida que su número de camas esté dentro de lo exigido por la Ley, es recomendable y imprescindible, se podría decir, que estas reformas se lleven a efectos bajo la dirección de profesionales del ramo de la arquitectura y de acuerdo con lo que contempla la Ley 13/1989 de 9 de enero sobre supresión de Barreras Arquitectónicas en edificios privados y por la Ley de la Comunidad Autónoma canaria 8/1995 de 6 de abril, reglamentada por el Decreto 227/1997 de 18 de julio, sobre el mismo tema.
El espacio exterior dentro del complejo juega un papel importantísimo para una persona con limitación de movilidad, por lo que la zona de la piscina adquiere un valor relevante y debe reunir todas las exigencias precisas para que este tipo de personas pueda moverse por ella con absoluta facilidad, incluyendo en ello la posibilidad de entrar en la piscina por medio de rampa suave y disponer dentro de ella de una zona no profunda y lo suficientemente amplia para poder disfrutar del baño, cosa que no está reñida con el uso habitual de la piscina por clientes sin problemas de movilidad. El que el establecimiento tenga a disposición de sus posibles clientes minusválidos sillas con el material anti-óxido adecuado para poder ser sumergidas en la piscina tendría sin duda buena acogida.
En el supuesto caso que el establecimiento disponga de cancha de ‘basket-ball’, su acceso debe ser libre de obstáculos para las sillas de ruedas de discapacitados de manera que se pueden celebrar encuentros con afines alojados en otros establecimientos de la zona. (Sobre este tema me extenderé algo más en el capítulo “promoción”).
PROXIMO CAPÍTULO (IV): MOVILIDAD DE LOS TURISTAS DISCAPACITADOS Y LOS MAYORES EN LA ZONA TURISTICA Y PUEBLOS ALEDAÑOS.
Las Palmas de G.C., 18 de septiembre de 2007.
Daniel Garzón Luna
MISMO ARTICULOS CON IMÁGENES EN MIS PÁGINAS WEB: http://danielgarzonluna.blogspot.com, y http://zxcvbn14.spaces.live.com,

miércoles, 12 de septiembre de 2007

LA NAVE DEL TURISMO GRANCANARIO: EMBARRANCAMIENTO ANUNCIADO (y II)


LA NAVE DEL TURISMO GRANCANARIO: EMBARRANCAMIENTO ANUNCIADO (y II)
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SUR TURÍSTICO GRANCANARIO: ‘HOJA DE RUTA’ CON OBJETIVO A ALCANZAR
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La situación de ostracismo en que se encuentra el Sur turístico de Gran Canaria, especialmente la urbanización de Playa del Inglés que acoge una población de unas cien mil personas, casi todas de hecho más que de derecho, es decir, turistas que se alternan aunque su número suele mantenerse ‘in situ’ casi todo el año, necesita una intervención sin demora alguna por parte de todas las Administraciones para dar solución a su parálisis y deterioro dado la altísima importancia que tiene para la economía de toda la Isla. En esta importancia parece estar de acuerdo todo el mundo, incluso partidos políticos de distinto signo ideológico, lo cual ya es algo para aplicar soluciones. Por mi parte, voy a aventurarme a exponer y desarrollar sobre papel en ésta y sucesivas exposiciones mi particular ‘Hoja de Ruta’ sugiriendo esquematizadas soluciones posibles a las zonas de la urbanización “Maspalomas- Costa Canaria” que las necesiten.
Esta “Hoja de Ruta” podría partir de los tres conceptos siguientes:
DE DÓNDE VENIMOS - DÓNDE ESTAMOS - ADÓNDE QUEREMOS IR.
En lo que al primer concepto se refiere, no hay porqué extenderse mucho ya que casi todo el mundo sabe cuál es nuestra historia turística desde los años sesenta para acá, así es que, como punto de partida, baste comentar que en los años sesenta se sentaron las bases del Sur turístico grancanario a través de la planificación urbanística denominada “Maspalomas-Costa Canaria” de acuerdo con los conceptos turísticos que las exigencias del mercado de la época así recomendó a sus promotores, resultando en que alrededor del 80% de las camas proyectadas fueron extrahoteleras. Ese concepto turístico, en lo que a Gran Canaria se refiere, no se puede decir que fuese desacertado puesto que cumplió, en primer lugar, con lo que pedía el mercado -no olvidemos que al final de los años sesenta un bungalow o apartamento con cocina era la única forma para muchísimas familias europeas el comenzar, superada la posguerra, a disfrutar de vacaciones fuera de las fronteras de sus respectivos países - y, en segundo lugar, hizo posible que muchas familias grancanarias tuviesen acceso a una propiedad rentable con muy baja inversión puesto que, en muchos casos, el dinero lo adelantaban los turoperadores. Por tanto, se hizo lo que se pudo y correspondía hacer en ese momento. Que a finales de los años ochenta no se tomaron las decisiones precisas para reorientar nuestra oferta de nuevas camas hacia la cama hotelera que ya demandaba el mercado es una realidad pero no es el tema a tratar en ésta y sucesivas exposiciones que se centrarán en sugerir soluciones al problema existente. Lo cierto es que este ciclo se cerró con una planta alojativa de unas cien mil camas de las cuales alrededor del 80% son camas extrahoteleras.
DÓNDE ESTAMOS
En la actualidad la oferta alojativa de Playa del Inglés difiere muy poco, en lo que a su número y tipo de camas se refiere, de la que existía al finalizar el apartado anterior pero lo que sí ha cambiado muchísimo han sido las exigencias de la demanda en el mercado turístico por lo que la situación actual de esa demanda nada tiene que ver, absolutamente nada, con la que motivó el inicio turístico del Sur grancanario; esto es un hecho y es tan real como que no se pueden coger ahora cien mil camas extrahoteleras del Sur grancanario y tirarlas a la basura por obsoletas como si de una flota de SEAT 600 se tratase que, fuera del mercado, puede ser enviada en caravana al potrero. Esa es la situación: cien mil camas extrahoteleras en una zona privilegiada por su clima, con una playa maravillosa pero que, además de no encajar ya en el mercado del poder adquisitivo medio alto por estar muy lejos de lo que hoy pide ese mercado, y nunca volverá a ser de consideración para el mismo sólo por el factor seguridad, por citar un motivo dentro de los muchos existentes, lleva visos de actuar como gangrena rampante con peligro real de ir sumando a su deterioro las demás zonas que mantienen calidad en el contexto del Sur; por tanto, dándose la circunstancia que no podemos obviar la importancia de ese Sur turístico para la economía de la Isla, es imprescindible tomar decisiones -obsérvese que digo decisiones y no medidas- para orientar esas cien mil camas con falta de la deseada demanda en el mercado actual hacia otra clase de demanda que aumente las expectativas de negocio de los muchos propietarios de las mismas y, también, mejoren y suban la imagen del Sur turístico.
Hoy en día a nadie con un poder adquisitivo medio alto se le ocurriría ir a pasar sus vacaciones en un bungalow en Playa del Inglés porque el solo hecho de tener que dormir en un inmueble enrejado en todas sus ventanas y, además, con una doble puerta también de rejas para poder dormir relativamente tranquilo, una especie de ‘carcel’ física, es razón, sólo ésta, para desaconsejar a cualquiera por esa opción y decantarse por una estancia en un hotel. El cliente de poder adquisitivo medio/alto, por el que ‘pelea’ toda la oferta turística de medio mundo y nosotros tanto deseamos aumentar y consolidar, no es cliente para la inmensa mayoría de las camas extrahoteleras existentes hoy en Playa del Inglés, tanto si se renuevan como si no.
ADÓNDE QUEREMOS IR
Como finaliza la exposición del párrafo anterior, la cama extrahotelera de Playa del Inglés, que representa el mencionado 80% de las cien mil camas del enclave turístico, no tiene mercado del poder adquisitivo medio alto, por tanto la propiedad de esa ingente cantidad de camas turísticas tiene que darles otra orientación comercial, es decir, orientarlas hacia otro mercado que pueda dar negocio y rentabilidad a esa gran masa de camas y de capital. Y ahora la inevitable pregunta: ¿y cuál sería ese segmento del mercado turístico al que orientar las promociones captadoras de clientes? Tal y como están las cosas en Playa del Inglés en el momento actual, la propiedad de la cama extrahotelera en esa zona, visto del punto de vista de mantener la propiedad y no enajenarla, sólo tiene dos posibles salidas para obtener una posible rentabilidad con continuidad y son: salirse de la explotación turística y alquilar su bungalow o apartamento a residentes, solución que tal vez sea de interés en principio para el propietario pero demoledor, casi seguro, para toda la zona turística y para el valor del inmueble, o apostar con todas las consecuencias por el turismo de la tercera edad, minusválidos y otras personas precisadas de pasar largas estancias en clima cálido (turismo de salud), cosa que implicaría un remozamiento y acondicionamiento de los establecimientos para ese otro turismo, tanto en la vertiente de dar acogida a personas mayores como a discapacitados, desistiendo a medio plazo del turismo de bajísimo poder adquisitivo que hoy suele ser su cliente y que, además de no proporcionarle la deseada rentabilidad, le destroza la propiedad.
En el supuesto caso que la propiedad de la cama extrahotelera de la zona turística del Sur apostara por la salida apuntada en el párrafo anterior como posible solución, debe tener claro que es imprescindible el hacer reformas en sus establecimientos, no sólo de renovación que la mayoría de ellos precisa de todas maneras sino, también, de acondicionamiento para poder recibir clientela con problemas de movilidad. Las Administraciones local, insular y autonómica tienen que tener clarísimo que el convertir la Playa del Inglés en un destino turístico para turismo de salud exige por parte de las tres -cada una en lo que a la solución de los existentes problemas y acondicionamiento para ese fin atañe- la imprescindible adaptación de toda la zona para que ese tipo de clientes pueda moverse por ella con comodidad y verla como destino atractivo para pasar cortas o largas estancias y recomendarla, si sus vivencias son positivas. Playa del Inglés ya tiene lo fundamental para conseguir esa clientela: CLIMA. (Cuando corresponda tratar el capítulo “promoción” en mis exposiciones siguientes ya me extenderé algo más sobre el importantísimo factor clima; también trataré las distintas actuaciones que estimo deben ser acometidas, la gran mayoría por parte de las tres Administraciones, para adaptar con éxito a medio plazo Playa del Inglés como destino turístico para turismo de la tercera edad y de salud, objetivo éste, casi el único posible, que debe ser alcanzado con absoluta determinación.
PROXIMO CAPITULO: LA MOVILIDAD DEL TURISTA DENTRO DEL COMPLEJO ELEGIDO
Las Palmas de G.C., 11 de septiembre de 2007.
Daniel Garzón Luna
MISMO ARTÍCULO CON IMÁGENES EN MIS PÁGINAS WEB: http://danielgarzonluna.blogspot.com/ y http://zxcvbn14.spaces.live.com/

viernes, 7 de septiembre de 2007

LOS VUELOS DE BAJO COSTE Y NUESTRA INCORREGIBLE INERCIA DETRACTORA







LOS VUELOS DE BAJO COSTE Y NUESTRA INCORREGIBLE INERCIA DETRACTORA
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De un tiempo a esta parte se vienen vertiendo comentarios en los medios de comunicación sobre la modalidad del transporte aéreo denominada “low cost” o de bajo coste que muestran un rechazo a esta concepto de transporte, llegando en algunos casos a vaticinarse que este medio de transporte barato nos va a llenar la Isla con el turismo del más bajo poder adquisitivo de toda Europa y que la seguridad en estos tipos de vuelos es más que cuestionable. No comparto ese criterio negativo sobre los mencionados vuelos y a continuación expongo el porqué.

Como es bien sabido, y el que no lo sepa es porque su indolencia no le permite el mirar a su alrededor dentro del contexto del Archipiélago y verlo, Gran Canaria ha perdido desde hace más de una década la relevancia entre las siete islas que le caracterizó desde tiempos pretéritos, pérdida ésta que tiene sus extremos en lo político y en lo económico, los dos factores que marchan en paralelo y marcan nuestro bienestar o zozobra, según confluyan en una armonía bien llevada. Esta situación a la que ha llegado Gran Canaria en la pérdida de liderazgo en el Archipiélago no ha sido gratuita, tiene razones que la han originado y entre esas razones se encuentra nuestro incorregible defecto de torpedear por sistema toda iniciativa, buena o mala, que cualquier ciudadano grancanario ponga en marcha, tanto si la iniciativa tiene trasfondo político como si no; nuestro mal no es discrepar pues de una confrontación de ideas salen a veces cosas buenas; lo nuestro es torpedear, bloquear, detraer, descalificar y trabar el desarrollo de cualquier iniciativa que no haya salido de uno mismo, condenando así a importantísimos proyectos del máximo interés para la Isla al ostracismo y a que se pudran con el transcurrir del tiempo; lo mismo da que se trate de un puerto deportivo para cuyo torpedeo siempre habrá el ‘nido’ de un pez en el agua a proteger que justifique la paralización del proyecto, un campo de golf que queda paralizado y cuestionado por eso del consumo de agua -a pesar de las ingentes masas de agua depuradas que se vierten al mar de las que se prevé regar todo campo de golf de proyecto nuevo- o el permanentemente demonizado sector turístico que, a pesar de representar el sustento, directa o indirectamente, del 80% de la población de la Isla, no llegando a consumir en tan altísimo logro ni siquiera el 2% de su territorio, se le señala como el causante de todos nuestros males, depredador de suelo y principal causante de la corrupción urbanística, entre otras ‘lindezas’.

La inevitable entrada en el mercado por mera inercia de las reglas de la oferta y la demanda del transporte aéreo del ‘low cost’ en Gran Canaria no podía ser de otra manera; no están faltando los detractores de turno que pongan en cuestión la idoneidad de facilitar la entrada de un transporte aéreo barato en la Isla, obviando, por falta de información o por pura ignorancia, que ese tipo de transporte lleva décadas funcionando en otros países, como es el caso de los EE.UU. con sus ‘tranvías’ aéreos que revolucionaron el transporte aéreo que pasó de ser un medio de transporte de élite a un medio de transporte de masas, y eso en un país en el que el transporte terrestre y fluvial, tanto por carretera como por tren o barco, lo tiene a discreción, caso que no se da en Gran Canaria donde quienquiera que hoy en día quiera venir a pasar sus vacaciones en esta Isla tiene que hacerlo por avión o, también, en su yate particular si de un potentado se trata, siempre y cuando encuentre atraque disponible donde dar cobijo a su barco que eso ya son cuestiones de mayor calado.

Por tanto, voy a relatar en síntesis la influencia que, a mi criterio, ha tenido el transporte aéreo en nuestro desarrollo turístico desde finales de los años sesenta para acá:

Hasta finales de la década de los sesenta el incipiente turismo que recibíamos tenía que venir utilizando las líneas aéreas regulares de bandera de los distintos países europeos. Estas líneas aéreas regulares, entre las que se encontraba Iberia, ejercieron durante demasiados años, con el ilimitado apoyo y soporte de sus respectivos gobiernos, una dictadura comercial férrea sobre el mercado aéreo de toda Europa. Canarias, que nunca peleó lo suficiente en pro de una política estatal de cielo abierto en base a su lejanía y su dependencia exclusiva del transporte aéreo para potenciar nuestra economía y desarrollo turístico, sufrió con muchísima más dureza que otras regiones españolas esta nefasta dependencia de las líneas regulares de bandera para ir materializando ese desarrollo.

No obstante, a finales de los años sesenta entraron en escena emprendedores nórdicos y alemanes, especialmente, con gran visión vanguardista que supieron romper la ‘camisa de fuerza’ que las líneas de bandera tenían impuesta al mercado aéreo e iniciaron los llamados vuelos “charter”, vuelos éstos que, por imposición del club de las citadas líneas de bandera europeas, no podían vender sólo vuelo sino que tenían que ir acompañados de alojamiento, lo que en el argot turístico se le denominaba “paquete turístico” (vuelo, alojamiento y pensión alimenticia en casi todos los casos). Así comenzaron a funcionar los vuelos “charter”, modalidad que permitía al ciudadano corriente y moliente europeo el desplazarse a Gran Canaria de vacaciones por un precio del “paquete turístico” que solía ser inferior al que tendría que pagar a una línea aérea regular sólo por el billete, con el agravante, además, de tener que hacer escala o trasbordo en Madrid ya que desde pocos puntos de Europa se podía volar directamente a Gran Canaria con línea regular. Esta tímida revolución del transporte aéreo europeo tropezó con innumerables detractores, tanto por parte de quienes pensaban que nos iban a venir a pasar aquí sus vacaciones todos los desheredados de Europa como por aquellos clientes elitistas y cargados de prejuicios sociales que basaban su rechazo a utilizar un medio de transporte en cuyo asiento de al lado pudiera toparse con su asistenta de limpieza, rechazo que pronto desapareció cuando entró en juego el siempre convincente factor precio, la comodidad del vuelo directo y, además, el poder volar de un aeropuerto cercano a sus domicilios; huelga el mencionar el sofoco que cogieron los altos dirigentes de las privilegiadas líneas de bandera. Así fueron, en pocas palabras, los comienzos de esa tímida revolución del transporte aéreo de masas en Europa que conllevó a la entrada en escena de turoperadores a gran escala y propició, en lo que a Gran Canaria se refiere, el más espectacular desarrollo económico que ha experimentado nuestra Isla en toda su historia.

En la actualidad la actividad turística está viviendo a escala europea una de las más brillantes etapas en posibilidades de expansión de todos los tiempos, especialmente para los destinos lejanos receptores de turismo entre los que podemos contarnos por nuestra distancia de cuatro horas y media de vuelo de Centroeuropa; el abaratamiento del precio del billete aéreo, que ha venido de la mano de la liberalización del espacio aéreo comunitario y después de la saludable competencia entre las líneas aéreas como resultado de la política de libre mercado aplicada, ha hecho posible que cualquier ciudadano europeo adquiera en cualquier aeropuerto de su país, con frecuencia muy cercano a su domicilio, un billete aéreo para Gran Canaria a muy bajo precio, sólo billete si su deseo no es comprar un “paquete” con alojamiento predeterminado incluido e incluso, si le apetece, haciendo su reserva directamente desde su domicilio vía Internet y sin obligación de pasar por la mediación de un agente de viajes. Esto es lo más grande que en toda la historia del turismo le ha podido ocurrir a la oferta del alojamiento. No obstante, no está dicho que gran parte del empresariado de la cama turística esté a la altura de sacarle todo el provecho que se le puede sacar a esa nueva situación del mercado del transporte aéreo y reaccione ante ella con iniciativa, entusiasmo e imaginación o prefiera permanecer anclado en la ‘sopa boba’ a que está acostumbrado desde décadas, firmando contratos con garantía –cada día menos habituales- de ocupación de sus camas con turoperadores que le relevan de la necesidad de tener que buscar los clientes ya que ‘papá turoperador’ se los trae sin tener que asumir grandes riesgos, cosa que resulta de lo más cómodo.

Por tanto, me causa estupor que, vencido el más grande de los obstáculos que siempre encontramos en nuestro crecimiento turístico que es el factor vuelos, aparezcan detractores de los vuelos de bajo coste con los más peregrinos argumentos. Es de general conocimiento que hoy en día todos los aviones pertenecientes a la Comunidad Europea tienen que pasar unos fuertes controles de seguridad, tanto si sus plazas se van a vender caras o regaladas, para obtener la pertinente autorización para seguir volando; además, y sobre todo, el solo hecho de que en el 2007 se pueda comprar un billete de avión Gran Canaria/Berlín ida y vuelta, por ejemplo, por la mitad del precio de los años sesenta, a pesar de la depreciación de la moneda a lo largo de cuarenta años y el aumento multiplicador del precio del crudo que pasó de doce dólares el barril en esa época a los setenta y cinco actuales, es un regalo del cielo, un verdadero milagro, todo ello gracias al libre mercado y la libre competencia.

No me queda más remedio que terminar lanzando un fuerte ¡hurra! por los vuelos de “low cost” que, asociados a las inmensas posibilidades que ofrece Internet, se convierten en todo un reto para el empresariado turístico gran canario.

Las Palmas de G.C., 5 de septiembre de 2007.

Daniel Garzón Luna

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